Fue hijo y nieto de músicos, por lo que su padre le inició en este arte. Intentando emular a Mozart, su padre Johann le instruyó musicalmente de una forma severa, lo que impulsó el fracaso del joven Beethoven presentado como niño prodigio en actuaciones públicas. Incluso su verdadera edad era ocultada para impresionar aún más al público. La disposición sin embargo que Beethoven sentía por la música, hizo que se volcara totalmente en ella, a pesar de las numerosas palizas que le propinaba su padre levantándolo de la cama para sentarlo ante el clave. Incluso se cuenta que le reñía severamente cuando lo oía improvisar. Gracias a un músico llamado C.G. Neefe (que fue quien valorando su talento publicó sus primeras notas), entre 1782 y 1783, Beethoven entró en el teatro de la corte en calidad de ayudante suyo, donde pudo acceder a numerosos ensayos de las óperas que allí se representaban.
En 1792, Beethoven vuelve a Viena, donde encontrará su estabilidad como compositor. En aquella época Viena era una ciudad muy musical, con gran producción de compositores, y el genio se instaló rápidamente ganado fama y admiración, imprimiéndose sus nuevas obras y debutando como gran pianista. En 1796, Beethoven era ya requerido para tocar en otras ciudades, incluso tocó ante reyes melómanos con éxito (Federico Guillermo II). Por fin en 1800 dio su primer concierto, pero poco después empezó a notarse él mismo el comienzo de la pérdida de audición.
Aquí comienzan las angustias de un Beethoven que poco a poco no iba a actos públicos para que nadie se percatara de tal hecho, aunque el avance de su enfermedad le obliga a retirarse de la dirección como hasta ahora venía haciendo. Entonces se vio obligado a comunicarse por medio de notas (cuadernos de conversación, de los cuales se conservan la mitad). El compositor comenzó a refugiarse en sí mismo, teniendo una explosión creadora increíble, estrenando sus sinfonías con gran éxito, la ópera Fidelio (con una acogida más fría), sonatas, cuartetos... aumentando la admiración y popularidad de la que ya gozaba, hasta llegar a la cima en el estreno de su 9ª Sinfonía y Misa Solemnis (1824), ante una sala abarrotada.
Beethoven continuaba empeorando de salud, y en los últimos meses de su vida, compuso lo que los estudiosos piensan que son sus mejores obras, los últimos cuartetos de cuerda, innovadores en su tiempo.
Una neumonía desencadenó a finales de 1826 una serie de problemas que le ocasionaron la muerte el 26 de marzo de 1827. A su entierro acudieron 20.000 personas, y se subastaron la mayoría de sus manuscritos y pertenencias.




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